Los Esfuerzos
Los ocho esfuerzos de Rudolf Laban, medidos con un dedo. Un trazo tiene tiempo, peso y espacio, y son tres cosas distintas. Estás a punto de descubrir que tú los llevas pegados.
Por qué esto no es un juego tonto
Los ocho esfuerzos se dan en todas las escuelas, y casi todo el mundo se los aprende como ocho nombres. No son ocho nombres: son tres decisiones —cuánto dura, cuánto pesa, cuánto se tuerce— y cada una se puede tomar por separado. Casi nadie las toma por separado. Hay un par concreto que te va a cazar, y cuando lo haga vas a ver, en tres barras distintas, CUÁL de los tres se te ha ido. Casi siempre es el mismo, y al final hay un número que dice cuánto.
10 rondas · 8 esfuerzos
El laboratorio
Los ocho no son ocho cosas. Son las ocho esquinas de un cubo de tres ejes: mueve los deslizadores y mira cómo cambia el nombre. Cada esquina está a un solo cambio de otras tres, y ese solo cambio es la lección entera.
Retorcer (Wring)
Lady Macbeth con las manos. Cualquiera que no puede decir lo que ha venido a decir.
A un cambio de distancia: Acuchillar · Flotar · Presionar
Los ocho, y de dónde vienen
El puñetazo en la mesa. La puerta que se cierra de golpe. El recurso por defecto de cualquier actor al que le piden intensidad sin decirle nada más.
Este no se confunde con nada: es el que se hace por defecto. Su trampa va al revés — Empujar es el esfuerzo que se te cuela cuando te piden cualquiera de los otros siete y aceleras.
La mano de quien despide un tren que ya no se ve. Ofelia repartiendo flores.
Se confunde con Retorcer, que es lo mismo pero con peso. En cuanto un movimiento dura, el cuerpo decide que tiene que estar empujando algo — y Flotar es el único de los ocho que no empuja nada.
Apartar una cortina de un manotazo. La ducha de Psicosis. Cualquiera que despeja una mesa con el brazo.
Se confunde con Empujar cuando lo haces recto: si el latigazo va a un punto en vez de barrer una zona, has hecho un golpe. Y es lo que se entrega cuando lo que se pedía era Sacudir.
El camarero cruzando la sala con la bandeja llena. Un patinador. Cualquiera que lleva algo que no se puede derramar.
Se confunde con Presionar. La misma línea y la misma duración; lo único que cambia es si el dedo pesa. Deslizar es esa línea sin el peso.
Espantar una mosca. Sacudir la ceniza del cigarro sin dejar de hablar.
Esta es LA trampa del juego. Se confunde con Acuchillar, que es idéntico salvo por el peso: súbitos los dos, indirectos los dos. Te piden rápido y ligero y el cuerpo entrega rápido y fuerte.
Empujar un armario contra la puerta para atrancarla. El interrogador que no levanta la voz.
Se confunde con Empujar. Fuertes los dos y rectos los dos: lo que los separa es el tiempo. Si al pedirte fuerza aceleras, has hecho un golpe donde había que hacer una carga.
El pianista buscando una tecla. El que se quita una pelusa del hombro antes de entrar a la reunión.
Se confunde con Empujar. Rápidos los dos y rectos los dos; la diferencia entera es el peso, y el peso es justo lo que se te escapa cuando aceleras.
Lady Macbeth con las manos. Cualquiera que no puede decir lo que ha venido a decir.
Se confunde con Flotar: la misma duración y el mismo camino torcido, sin nada del peso. Si un trazo se te vuelve suave por el mero hecho de ser largo, has hecho el otro.
Rudolf Laban (1879-1958) llegó a Inglaterra en 1938. Con F. C. Lawrence, consultor de empresas en Mánchester, se pasó los años de la guerra analizando cómo se movían los obreros y las obreras en las fábricas, y de ahí sale «Effort» (1947), donde los ocho quedan escritos como acciones de esfuerzo. Al teatro llegan tres años después, en «The Mastery of Movement on the Stage» (1950).
Tiempo, Peso y Espacio son tres de los cuatro factores del movimiento. El cuarto es el Flujo —libre o contenido: si el movimiento se puede parar en seco o no—. Los ocho esfuerzos básicos se definen sin él, con las ocho combinaciones de los otros tres. Aquí tampoco se mide, y por un motivo concreto: el flujo se lee en cómo FRENAS, y frenar un dedo en un cristal no significa lo mismo que frenar un cuerpo.
Dos valores por eje y tres ejes son 2 × 2 × 2. No son ocho cualidades sueltas que haya que memorizar: son las ocho esquinas de un cubo, y cada una está a un solo cambio de otras tres. Por eso el laboratorio de aquí dibuja un cubo y no una tabla. Una tabla te deja aprenderte ocho nombres; el cubo te obliga a ver de qué se diferencia cada uno, y por cuán poco.
Yat Malmgren (1916-2002), bailarín sueco, construyó a partir del trabajo de Laban un sistema de análisis de personaje y lo enseñó en el Drama Centre London, que cofundó en 1963. Por ahí pasaron Anthony Hopkins, Frances de la Tour, Pierce Brosnan, Colin Firth, Michael Fassbender y Tom Hardy. La escuela cerró en 2022. Los ocho esfuerzos no.
Laban dirigió la danza oficial de la Alemania nazi: desde 1934 estuvo al frente de la Deutsche Tanzbühne. Su pieza para el programa cultural de los Juegos de Berlín de 1936 fue prohibida por Goebbels tras el ensayo general, cayó en desgracia y acabó saliendo del país; llegó a Inglaterra en 1938 invitado por Kurt Jooss. Se cuenta porque está en el expediente y porque en las clases se suele omitir. La herramienta funciona; el expediente no se limpia.
Regla de la casa en este proyecto: ni una cifra sin fuente. Los ocho esfuerzos, los tres factores y el cubo son de Laban y están publicados. No existe un «coeficiente de acoplamiento» medido en ningún laboratorio, y no vamos a inventarnos uno: el número del final es una correlación entre tus propias diez rondas y nada más. Y los umbrales con los que este panel convierte un trazo en tres factores están puestos a mano y calibrados a ojo. La parte con fuente aquí es el vocabulario, no la aritmética.
Rudolf Laban y F. C. Lawrence, Effort (Macdonald & Evans, 1947). Rudolf Laban, The Mastery of Movement on the Stage (Macdonald & Evans, 1950).
¿Primera vez en este set? El director te lo cuenta
Rudolf Laban separó el movimiento en tres factores binarios: tiempo (súbito o sostenido), peso (fuerte o ligero) y espacio (directo o indirecto). Sus ocho combinaciones son los esfuerzos: flotar, golpetear, retorcer, empujar, presionar, sacudir, acuchillar y deslizar. Están en el temario de cualquier escuela de movimiento.
Te piden un esfuerzo y lo haces con un trazo. La duración del trazo da el tiempo, la velocidad punta da el peso, y la rectitud da el espacio. Tres barras al terminar, una por factor, con lo que pedía y lo que hiciste.
Cuál de los tres se te va — y casi siempre es el peso, porque lo arrastras con la velocidad. Los ocho esfuerzos no son ocho cosas sueltas: son las ocho esquinas de un cubo, y el laboratorio te deja moverte por él.
«Más energía» no es una nota que nadie pueda ejecutar. «Más peso y menos velocidad» sí. Esto te da el vocabulario para pedirlo y para recibirlo.