El Espejo
Hay otro punto en pantalla. Te sigue con retardo, y tú intentas seguirle a él. Sesenta segundos. Nadie lleva.
Por qué esto no es un juego tonto
La instrucción es imposible a propósito: si nadie empieza no se mueve nada, y si alguien empieza está liderando. Es un ejercicio de teatro de hace sesenta años, y en una sala termina con el profesor preguntando quién ha empezado el movimiento — y nadie sabiéndolo. Aquí lo vas a saber, porque vuestras dos trayectorias se están grabando y comparando entre sí en todos los desfases posibles. Casi nadie consigue no llevar; por eso el ejercicio se sigue haciendo sesenta años después. Y después hay una barra, y nadie te va a decir qué hace.
Arrastra en cualquier punto del lienzo: tu punto sigue a tu dedo. Las flechas también valen.
¿Primera vez en este set? El director te lo cuenta
Viola Spolin tiene un ejercicio llamado «sigue al que sigue» cuya instrucción es lógicamente imposible: dos personas se siguen mutuamente y nadie lidera. El alumno lo intenta, falla, y en el fallo descubre que el liderazgo estaba repartido en el TIEMPO y no en la persona. El profesor pregunta al final: «¿quién ha empezado el movimiento?», y nadie lo sabe.
Sesenta segundos moviendo un punto que sigue a otro que te sigue a ti. Y los últimos quince, un pulso: cuando para, tienes que parar en seco.
Tu desfase real en milisegundos, y de qué lado cae. Más tu latencia de parada, que es lo que Tadashi Suzuki entrena de verdad con el pisado: no el ritmo, la cesación.
Un actor que lidera sin saberlo arrastra la escena y no entiende por qué le dicen que escuche. Ver el número cambia esa conversación entera.