La Orden de Rodaje
Ocho escenas, una jornada, dos localizaciones. Arrástralas hasta dejar el orden en que se rueda. Ojo: el orden no lo decide el director.
Por qué esto no es un juego tonto
Las vas a ordenar como pasa la historia, porque te sabes la historia y porque es lo que hace todo el mundo la primera vez. Cuando repartas la orden se van a encender encima tres capas que no estabas viendo, y el día se recalcula con ellas: qué se ha rodado, qué no ha entrado y a qué hora se ha ido el equipo a casa. Al final tienes un número tuyo —las horas que ha costado tu orden— y la respuesta a por qué te convocan a las seis de la mañana para un plano de cuarenta segundos.
Qué es este oficio
Una jornada de rodaje no se ordena por la historia. Se ordena por localización —mover el equipo cuesta horas—, por la luz, que no espera, y por quién está contratado ese día. Por eso el día 1 se rueda muchas veces la escena final, y por eso a un actor le pueden pedir llorar a las siete de la mañana sin haber rodado todavía lo que le hace llorar.
Cómo se juega esto, exactamente
Ocho escenas que arrastras al orden del día. Después se dibujan encima de tu orden las tres restricciones que no veías, y te dan las horas que ha costado.
Se juega con el dedo sobre la pantalla: tocar, arrastrar o soltar en el sitio exacto. No hay que escribir nada.
Qué te llevas
A leer una orden de rodaje, y a dejar de leer tu hora de convocatoria como una ofensa.
¿Primera vez en este set? El director te lo cuenta
Una jornada de rodaje no se ordena por la historia. Se ordena por localización —mover el equipo cuesta horas—, por la luz, que no espera, y por quién está contratado ese día. Por eso el día 1 se rueda muchas veces la escena final, y por eso a un actor le pueden pedir llorar a las siete de la mañana sin haber rodado todavía lo que le hace llorar.
Ocho escenas que arrastras al orden del día. Después se dibujan encima de tu orden las tres restricciones que no veías, y te dan las horas que ha costado.
A leer una orden de rodaje, y a dejar de leer tu hora de convocatoria como una ofensa.
Un actor que entiende la jornada deja de pelearse con ella. Y a los que no se pelean con la jornada son a los que vuelven a llamar.