La Silla
El departamento con el que más horas pasas y el que nadie te explica. Te sientan delante de una mesa de maquillaje de verdad —diez cosas encima, sin una sola etiqueta— y te van diciendo lo que viene ahora. Tú tienes que ir a por la pieza. Un toque, y no hay vuelta atrás. Y luego viene lo que no está escrito en ningún sitio: cómo se resolvía antes, cómo se hace ahora, y lo que te cuesta a ti llevarlo puesto todo el día. Diez de una mesa de veintidós, así que cada vez es otra mesa.
¿Primera vez en este set? El director te lo cuenta
Peluquería y maquillaje es el departamento con el que un actor pasa más horas, y el único cuyo trabajo llevas puesto todo el día. Decide tu hora de convocatoria, decide si puedes comer, y es lo primero que alguien te rehace.
Veintidós cosas de una mesa de maquillaje real, diez por sesión. La mesa se pone delante sin una sola etiqueta y el departamento pide lo que viene ahora: vas a por la pieza con el dedo. Lo que toques por error se queda en la mesa y te vuelve a salir en esa misma sesión. Y luego vienen tres fichas: cómo se resolvía antes de que existiera el material de hoy, cómo se hace ahora, y —la que no escribe nadie— lo que te cuesta a ti llevarlo puesto.
El crepé de lana y la goma laca frente al encaje anudado a mano, la cicatriz de colodión frente a la de silicona, el bloque de peluca, el envejecimiento, la foto de racord. Y por qué el maquillaje del cine mudo es como es: la película era ciega al rojo, así que unos labios rojos salían negros — hasta que llegó la pancromática y Max Factor rehízo la gama entera, lo que le valió un Óscar especial en 1928.
Los actores con los que es fácil trabajar en esa silla no son los educados: son los que saben qué les están haciendo y por eso saben qué pedir — qué les van a quitar al final del día y con qué, si la pieza se mueve al sonreír, a qué hora es de verdad su convocatoria. La piel aguanta un rodaje entero si alguien la cuida, y quien mejor puede pedirlo eres tú.